Nuestra armadura oxidada
Tales de Mileto decía, “Lo más difícil del mundo es conocerse a uno mismo y lo más fácil hablar mal de los demás”.
A la pregunta de si sabes quien eres, la mayoría de las personas contestarían algo así como " claro, yo soy yo, como no voy a conocerme". Si la pregunta cambiara y fuera ¿te conoce mejor tu mejor amigo, hermana o madre, o tu mismo? Dudaríamos y tardaríamos más en responder.
Vivimos en una sociedad dominada por las prisas y falta de tiempo. Nos vemos inmersos en toda clase de rutinas, normas y obligaciones, incluso el tiempo de ocio y tiempo libre se nos puede presentar como una obligación ante la idea de, "tu lo que tienes que hacer para relajarte es irte a un spa, veras que te va a venir bien". Lo que nos lleva a lo siguiente ¿por que razón se nos hace más fácil dar consejos a los demás que seguirlos? En mi opinión, no nos esforzamos lo suficiente en conocernos. Así pasa que, en innumerables ocasiones, si le preguntas a alguien que como es te va a contestar "simpático, buena persona, no se", lo que está muy bien, pero las personas somos mucho más complejas como para ser tan solo eso. Sin embargo, si te preguntan, "¿y como es tu mejor amigo?" Eres capaz de responder con algo mas concreto como un "es un cabezón y no tiene ninguna paciencia pero tiene muy buen corazón además es muy cariñoso, creativo y le encantan los cacahuetes". ¿Por qué puede ocurrirnos esto? Cuando entablamos una relación con alguien, nos esforzamos por saber de él, nos preocuparnos por sus intereses y bienestar además de por ver si es compatible con nosotros, nos esforzamos en conocerlo. A lo que yo pregunto ¿Y cuándo vamos a esforzarnos por conocernos un poco más a nosotros? Hacernos un autoanálisis, y saber si somos compatibles con nuestras ideas o realmente hay algo que no nos gusta de nosotros y si podríamos o no cambiarlo. Aunque bueno, también es verdad que es más fácil recurrir al "si no te gusta como soy es lo que hay, no puedo cambiar".
Al igual que la educación debe ser continua durante toda nuestra vida, debemos estar educándonos a nosotros mismos y conociéndonos tengamos la edad que tengamos. La pregunta que vendría ahora es ¿Y como se conoce uno a sí mismo? La respuesta es interminable. Empezaría por no reprimir tus pensamientos y hacerte reflexionar sobre los mismos, indagar en nuestras emociones y aficiones y explorar otras nuevas que todavía no has probado, estar abierto a escuchar a otros y ver de una manera constructiva, saber que piensas tu de ello...
Fue a parar a mis manos un cuento de unas a penas 100 páginas de Rober Fisher, hablaba de caballeros, ardillas parlantes y magos. Decía el autor que tras la escritura de esta primera entrega, recibió cartas de personas de muchas edades, niños fascinados por la valentía del caballero y padres agradecidos por haberles hecho disfrutar con ellos, sin embargo, recibió una que le impactó de lleno. Era una carta de un anciano que recibía ayuda profesional por sus pensamientos hacia el suicidio. Este le agradecía al autor, ya que tras leer su libro se había comenzado a sentir infinitamente mejor.
Como todo, tenía dos realidades, y también la valiosa lección de lo importante que es conocernos y el efecto que podemos tener sobre nosotros mismos, tengamos la edad que tengamos.
Este cuento se llama "El caballero de la armadura oxidada" y estas son unas pocas de las muchas ideas que recoge:
“Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir”
“A los seres humanos se les dio dos pies para que no tuvieran que permanecer en un mismo lugar, pero si se quedaran quietos más a menudo para poder aceptar y apreciar, en lugar de ir de aquí para allá intentando apoderarse de todo lo que pueden, entenderían verdaderamente lo que es la ambición del corazón”.
“Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, había estado siempre ahí, pero en realidad nunca los había oído…”
“El caballero lloro más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría. En eso apareció el mago y le dijo: solo podrás amar a otros en la medida en que te ames a ti mismo”.
“Permanecer en silencio es algo más que no hablar”